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martes, 26 de marzo de 2019

Esperando en Dios cada mañana



Salmo 5:3 «Oh S
EÑO Pedro 5:7]
R, de mañana oirás mi voz;
de mañana presentaré mi oración a ti,
y con ansias esperaré».
El primer pensamiento que hemos de tener al despertar es en Dios. De ahí que el salmista se dirija a Dios como «Oh SEÑOR…». Es Dios quién debe ser el primero y el último al vivir nuestro día a día. ¿Por qué? Porque Él es nuestro Dios, nuestro Creador y Soberano SEÑOR. Le debemos cada respiro y cada pensamiento de nuestra existencia. Él es digno de ser adorado en primer lugar sobre todas las prioridades.
«De mañana oirás mi voz…». Parece una frase simple; pero hay más que eso. Demuestra esa determinación de levantarse cada mañana para honrar y adorar a Dios. Hay una actitud determinada a dedicar el primer pensamiento y la primera palabra al SEÑOR. Es acción de gracias por causa del amor de Dios que ha recibido: Respira, un tiempo para meditar en Él, tiene un techo bajo el cual dormir, un día más para vivir, una familia a quiénes abrazar, un trabajo que hacer… La voz de aquél que ama a Dios está presta para agradecer su día.
«De mañana presentaré mi oración a ti…». También se traduce como: «De mañana ordenaré mi sacrificio para ti…». ¿La oración es un sacrificio?… Sí, en cierto modo. Es a través del sacrificio de Jesús que tenemos acceso al Trono de la Gracia para hallar misericordia y oportuno auxilio. A través del Hijo de Dios tenemos entrada por la fe a esta gracia. Se trata, pues, de ordenar o preparar nuestro corazón bajo la conciencia y el hecho de que estamos delante de la presencia de Dios debido a los méritos de Cristo; no de los nuestros. Estamos mucho mejor de lo que merecemos, porque Él es el sacrificio perfecto que hizo posible la comunión con Su Padre; que también es nuestro Padre

« y con ansias esperaré…». A nadie le gusta esperar. No sabemos esperar con paciencia porque estamos limitados a nuestra carne. Sin embargo, la espera vale la pena cuando se tiene la motivación correcta: Esperar con ansias, con deseo de estar con Dios. La espera es más dulce, más tranquila, más fácil si el anhelo es nuestro SEÑOR mismo. Él es la fuente de fortaleza, de paz, de tranquilidad. Ninguna prisa o ansiedad podrá conmovernos si Dios, a través de Cristo, es la razón por la que oramos persistentemente.
Todo tiene que ver con actitudes correctas cada mañana: Consagrarnos a Dios de todo corazón, en los méritos de Jesucristo, esperando en Él con acción de gracias. Que Dios nos ayude a anhelarle así cada mañana.
[Léase Romanos 5:2; 1 Tesalonicenses 5:18; Hebreos 4:16, 10:19-22; Filipenses 4:6-7; 1

El SEÑOR es mi Buen Pastor… 1:1-4; Juan 10:11



El SEÑOR es mi Buen Pastor; y Él es Suficiente.
El SEÑOR es mi Buen Pastor; me dará Su descanso.
El SEÑOR es mi Buen Pastor; tendrá cuidado de mí.
El SEÑOR es mi Buen Pastor; consolará mi alma.
El SEÑOR es mi Buen Pastor; me resguarda en Su rebaño.
El SEÑOR es mi Buen Pastor; me guiará siempre a Su voluntad por amor de Sí mismo.
El SEÑOR es mi Buen Pastor; me protege de todo mal y no tendré miedo.
El SEÑOR es mi Buen Pastor; me da vida y ánimo con Su Palabra.
Jesús es mi Buen Pastor; porque Él es el Buen Pastor que da Su vida por Sus ovejas.
[Léase Salmo 1:1-4; Juan 10:11]

Siete verdades sobre el ayuno según la Biblia


(1) Lo que en realidad es el ayuno. En términos simples, ayunar se trata de abstenerse de consumir alimentos por cierto tiempo para propósitos espirituales específicos. Esta práctica es considerada parte de las disciplinas espirituales para la vida cristiana. Por “disciplinas espirituales” nos referimos a prácticas personales y medios de gracia (como la lectura bíblica y la oración) para crecer en nuestra vida cristiana dependiendo enteramente de Dios. Además, el ayuno era considerado como una forma voluntaria de servir y entregarse piadosamente a Dios (léase Lucas 2:37).

(2) Sí hay varios tipos de ayuno. Se consideran cuatro tipos de ayuno: El ayuno sobrenatural, es el que la Biblia describe casos específicos en que Dios fortaleció a Sus siervos cuando ayunaban (aunque son casos muy raros y contados; léase Deuteronomio 9:9; 1 Reyes 29:8); el ayuno total, es el ayuno en el que se abstiene de comer y beber por varios días (léase Ester 4:16); el ayuno normal, en éste implica abstenerse de toda clase alimentos pero se puede beber agua (compárese en el caso de Jesús en el desierto, que dice no había comido nada, pero no dice nada acerca de la sed; léase Mateo 4:2; Lucas 4:2); el ayuno parcial, es el que incluye ciertos alimentos y agua, como en el caso de Daniel que no quiso participar del Banquete del Rey de Babilonia (léase Daniel 1:3-16). En cuanto a extensión de participantes en el ayuno, pueden ser ayunos públicos como privados (léase Esdras 8:21, 23; Jonás 3:5-10; Mateo 6:17-18).

(3) Las razones por las qué se realiza el ayuno. La Biblia sí nos muestra las razones correctas por las que se practica el ayuno y básicamente son cuatro: En ocasiones tenía que ver con la negación y humillación de uno mismo como expresión de arrepentimiento y confesión de pecado (léase Nehemías 9:1-2; Jonás 3:5; Daniel 9:3-4); también el ayuno se hacía como una expresión de duelo, aflicción y luto (Léase 1 Samuel 31:13; 2 Samuel 1:12; Nehemías 1:4); además, se relacionaba con la dependencia de Dios en cuanto a buscar Su voluntad, propósito, ayuda y guía (léase Éxodo 24:12; 2 Crónicas 20:1-3; Ester 4:16; Esdras 8:21-23; Mateo 4:1-2; Hechos 13:1-3, 14:23); por último como parte de la confirmación de ministros en la iglesia local (léase Hechos 13:2-3; 14:23).

(4) La actitud correcta para el ayuno. El ayuno debe ser voluntario, según el tiempo que consideres para con Dios o conforme Él te dirija, con una motivación correcta de agradarle y darle la gloria a Él y con actitud agradecida, acompañado de oración constante y lectura de la Palabra de Dios; y de preferencia en tiempos y lugares que puedas consagrarte al SEÑOR sin distracciones o compromisos fuertes (léase Zacarías 7:1-6; Mateo 4:4, 6:6, 16-18, 17:21, 26:41; 1 Corintios 10:31; 1 Tesalonicenses 5:18). Estas consideraciones de igual modo se pueden aplicar en un ayuno público, es decir, cuando la congregación está en un mismo sentir respecto a ciertos asuntos entregados a Dios (léase Hechos 13:1-3; 1 Corintios 1:10).

(5) Las actitudes o prácticas que no se consideran parte del Ayuno. El ayuno no tiene el propósito de torcer la voluntad de Dios o manipularla para que cumpla nuestros deseos o para fines malvados; no es un remedio casi místico para combatir los deseos carnales, ni se trata de causar impresión en los demás de ser más espirituales que otros, ni se debe confundir como un tipo de “dieta cristiana”, ni es para demostrar su propia justicia en un sentido legalista para ganarse la salvación, ni es para cumplir formalidades religiosas sin intenciones santas (léase Mateo 6:16; Lucas 19:8-14; Hechos 23:21; Efesios 2:8-9; Colosenses 2:20-23; Isaías 58:3-7).

(6) El ayuno no es una práctica obligada pero sí necesaria. El ayuno sólo era obligatorio como Ley en el AT para el pueblo de Israel y lo hacían en el Día de la Expiación, pues debían ayunar para la purificación de sus pecados (léase Levítico 16:29-31; 23:26-32). Pero esta práctica no es obligatoria para los creyentes ya que Cristo cumplió las sombras y cosas del AT (léase Colosenses 2:16-17; Hebreos 10:1). En los tiempos de Jesús, el ayuno se convirtió en una práctica religiosa para demostrar una espiritualidad externa y ostentosa, era tan regular que lo realizaban dos veces por semana (léase Mateo 6:16; Lucas 18:12). Sin embargo, nuestro SEÑOR en Su Sermón del Monte sí incluyó el ayuno junto con la oración y limosnas como parte de las prácticas piadosas de los creyentes y con motivos correctos. Él daba por hecho que Sus discípulos ayunaban y Él mismo lo hacía (léase Mateo 6:16; Lucas 4:12). La Iglesia Primitiva también practicaba el ayuno (léase Hechos 13:1-3, 14:23; 2 Corintios 6:5; 11:27). Él profetizó en forma figurada que la Iglesia realizaría ayunos después de que Él ascendiera a los Cielos hasta Su Segunda Venida (léase Mateo 9:15). Por lo tanto, el ayuno no debe ser dejado de lado para los que creemos en Cristo.

(7) No siempre el ayuno consiste en abstenerse de alimentos. Cuando hablamos de ayuno normalmente asociamos la idea de dejar de consumir ciertas comidas; sin embargo también el ayuno implica otras cosas a abstenerse, por ejemplo: El ayuno que a Dios le agrada, es decir, el abstenerse de pecar contra Dios (léase Isaías 58:3-7); o el abstenerse temporalmente de tener relaciones sexuales dentro del matrimonio para dedicarse a la oración y búsqueda del SEÑOR (léase 1 Corintios 7:5). Estas son cosas legítimas a la hora de hacer el ayuno.

Cuando sacrificamos a nuestro “Isaac”


Génesis 22:1-2 «Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham, y le dijo: ¡Abraham! Y él respondió: Heme aquí. Y Dios dijo: Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré».
Aquella mañana que leí este pasaje de la Biblia en mi tiempo devocional, quedé profundamente admirado. Cuando se trata de fe, este episodio de Abraham e Isaac es uno de los más controversiales y desafiantes. Lo normal sería que un padre se negara a matar a su propio hijo para ofrecerlo como sacrificio. La propia naturaleza paterna lo demanda. Pero, a diferencia de los padres normales, Abraham obedeció en fe. Conocemos el resto de la historia: Dios probó su fe, y proveyó de un Cordero para el sacrificio en lugar de su hijo Isaac. Pero si miras atentamente, este pasaje bíblico tiene más cosas qué enseñarnos acerca de nuestro corazón caído por el pecado.
Enfatizo en el versículo 2: “Toma a tu hijo, tu único, a quién amas…”. Es un detalle muy sutil que revela el centro de la atención del corazón de Abraham: Isaac. Casi podría leerse entre líneas: “Lo único que más amas sobre todo, Abraham, dámelo en sacrificio…”. Isaac era lo que el el Patriarca más amaba, tal vez porque lo tuvo en la vejez con su esposa Sara. Él obedeció y lo entregó a Dios como ofrenda.
Estas observaciones acerca del corazón de Abraham y de su amor por Isaac me llevó a preguntas que no me había planteado tan a fondo:
  • ¿Qué tan dispuestos estamos para sacrificar lo que más amamos? (lo digo en un sentido espiritual)
  • ¿Amas más a tu familia, a la mujer de tu vida, al hombre de tus sueños, a una carrera exitosa, un empleo bien pagado, un sueño cumplido, un ministerio fructífero?
  • ¿Qué es lo que más atesoras en tu corazón?… Eso que atesoras más que a nada en el mundo, ¿Estarías dispuesto en ponerlo en el altar del sacrificio?
  • ¿Amarías aún más al SEÑOR a pesar de que te sea quitado aquello que tanto amas?
  • ¿Estarías dispuesto a negarte a ti mismo con tal de que sea el SEÑOR el centro de tu adoración y no aquello que posees con tanto amor en esta vida?
  • ¿Quién o qué está en primer lugar en tu corazón? ¿O acaso has construido ídolos en lugar de Dios?
A veces nuestro propio corazón nos engaña tan bien, y solapa nuestro amor por Dios y pone en el altar aquello por lo cual damos nuestra vida y pensamientos. Recuerda la aseveración de Jesús sobre la importancia del discipulado:
Mateo 10:37-38 «El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí».
Entonces ¿Qué se necesita para sacrificar a nuestro “Isaac”? Dos cosas:
(1) Tener temor de Dios. Es lo mas sabio que puedes hacer: reverenciar a Dios y darle el lugar que le corresponde. Se trata de no rehusar aquello que tanto amas (léase Génesis 22:12). Es necesario sacrificar nuestro orgullo, nuestros sueños, nuestras metas, nuestras relaciones, nuestras posesiones, o cualquier área de nuestra vida o de nuestro carácter; a fin de discernir más claramente si Jesús realmente es el centro real y total de nuestra vida. Como dijo Corrie Ten Boom: “Nunca podrás entender que Cristo es todo lo que necesitas, hasta que Cristo sea todo lo que tienes”.
(2) Llevarlo a la Cruz. El lugar donde Abraham llevó a Isaac para ser sacrificado fue el Monte “Moriah”. Siglos después, en una de las laderas de este monte estaba el “Gólgota”; el lugar dónde Jesús fue crucificado. Ése es el mismo lugar en que Isaac estuvo a punto de morir allí. Cuando sacrifiquemos a nuestro “Isaac”, podremos ver al Cordero Santo que ha sido provisto para el perdón de nuestros pecados. Vayamos con fe al Monte “Moriah” y entreguémonos a la Cruz para morir a nosotros mismos y sea Jesús el que viva en nosotros (léase Gálatas 2:20).
Quizás nos sea devuelto nuestro “Isaac”; tal vez no. En tales momentos, conviene recordar lo que dijo Job cuando perdió todo: «El SEÑOR dio y el SEÑOR quitó; bendito sea el nombre del SEÑOR» (Job 1:21).

**CÓMO CANTAR A DIOS CADA MAÑANA**


Salmo 59:16 «Pero yo cantaré de Tu poder;
sí, gozoso cantaré por la mañana Tu misericordia;
porque Tú has sido mi baluarte,
y un refugio en el día de mi angustia».
¿Es bueno cantar a Dios? ¡Claro que sí! Tan solo en Salmos hay alrededor de 40 versículos que hablan de cantar. Cantar a Dios por las mañanas es una excelente sugerencia.
«Pero yo cantaré de Tu poder [...] cantaré por la mañana Tu misericordia [...] Porque Tú has sido mi baluarte, y un refugio». El salmista nos proporciona motivos para cantar a Dios: Su poder y Su misericordia. La palabra «poder», en el original hebreo, tiene la idea de rodearnos con Su fuerza, Su seguridad y Su majestad. Mientras que la palabra «misericordia» es un amor de pacto; un amor de compromiso voluntario, bondadoso y de por vida (es el equivalente de la «gracia» en el NT). Con esto en mente, celebramos el hecho de recibir Su misericordia a través de Cristo, porque en Él ha sido retirada Su ira y nuestros pecados han sido perdonados. Celebramos que Su amor no se conformó con solo salvarnos; sino también relacionarse con nosotros perpetuamente. Celebramos que en Su poder estamos rodeados de seguridad contra todo lo que sea que pudiera intentar separarnos de Su amor que es en Cristo Jesús.
Además, el salmista hace un paralelismo doble que confirma lo anterior: El baluarte es un lugar fortificado para la defensa contra los enemigos; mientras que el refugio es un lugar de escape. ¿Podemos ver la relación con el poder y la misericordia? El poder de Dios se representa con el baluarte para defendernos, mientras que la misericordia; con el refugio para escondernos en Él.
«En el día de mi angustia...». Todos tenemos días malos. La angustia viene de las aflicciones que vivimos: nuestras luchas contra los deseos de la carne, los deseos de los ojos, la vanagloria de la vida, la corriente de este mundo y las fuerzas demoníacas que acechan contra los hijos de Dios. Por eso Dios es quien nos guarda con Su poder y nos defiende contra todos nuestros enemigos espirituales. Necesitamos correr a Él y depender de Su gracia y de Sus fuerzas porque carecemos de ellas. Es Él quien pelea a favor de nosotros porque hemos sido rescatados para ser Suyos.
«Gozoso cantaré...». A nadie le nace cantar en días difíciles cuando el corazón se halla afligido. Pero el salmista canta con gozo. Él nos muestra qué actitud busca el SEÑOR cuando cantamos. Tener gozo es expresar una alegría evidente, sin hipocresía ni obligación. Es un regocijo de corazón que no se puede disimular. Sí, podemos estar cansados cuando oramos en nuestro secreto, pero le hace bien al alma cantar a Dios con sincera alegría. Dios nos ha dado los motivos: Él es la fuente de nuestra seguridad y fortaleza sobre la base de Su misericordia para con nosotros.
Por lo tanto, es bueno pasar tiempo reflexionando sobre cada una de las maravillas, bendiciones y obras de Dios y expresarlos con cantos o himnos antes de continuar con las faenas cotidianas. ¡Qué mejor manera de comenzar el día con la alegría y gratitud de que tenemos un Dios Todopoderoso y Todomisericordioso!
Que Dios nos ayude a tener gozo de corazón para cantarle por encima de nuestras circunstancias.
[Léase Deuteronomio 3:22; Juan 17:3; Romanos 5:9, 8:37-39; Efesios 1:7, 2:5, 5:18-19; Santiago 1:2]

**¿OYES LA VOZ DE DIOS CADA MAÑANA?**





Salmo 143:8 «Por la mañana hazme oír Tu misericordia,
porque en Ti confío;
enséñame el camino por el que debo andar,
pues a Ti elevo mi alma».
Cada mañana necesitamos siempre una guía de cómo vivir el día. En esta ocasión, el salmista nos enseña otras cosas prácticas para buscar a Dios cada mañana.
«Por la mañana hazme oír Tu misericordia...». Lo primero que notamos de esta expresión es «Oír Tu misericordia...». ¿Cómo podemos oír la misericordia de Dios? Únicamente por medio de Su Palabra. A través de Su Palabra, oímos Su «voz» en cada una de Sus páginas. Es un privilegio poder leer la Biblia y ver la obra de Su Hijo en ella. Contemplamos Sus bondades y misericordias desde Génesis y Apocalipsis. Por tal motivo, el autor de este salmo dice: «Me acuerdo de los días antiguos, en todas tus obras medito, reflexiono en la obra de tus manos» (vers. 5). Necesitamos un encuentro diario con Dios en Su Palabra para meditar y deleitarnos en ella, para ser enseñados, para ser reprendidos, para ser corregidos y para ser instruidos en justicia.
«Hazme oír». Estas dos palabras tienen más profundidad de lo que parece si se escudriña bien su significado. En el hebreo se puede traducir como: «Hazme oír con el corazón para obedecerte». La Palabra no es para ser solo oída; también es para ser obedecida. Lo maravilloso del asunto es que es Dios el que nos hace oír para obedecer. El vers. 10 lo confirma: «Enséñame a hacer Tu voluntad, porque Tú eres mi Dios; Tu buen Espíritu me guíe a tierra firme». Es el SEÑOR, a través de Su Precioso Espíritu, que podemos hacer Su voluntad buena, agradable y perfecta con obediencia de corazón. Él llevará nuestra obediencia a tierra firme, a cumplir Su propósito. Él es quien nos hace hacedores de Su Palabra y Él se lleva toda la Gloria.
«Enséñame el camino por el que debo andar». A través de Su Palabra, nos enseña a caminar en obediencia. Recordemos que Jesús es el Camino por el cual debemos transitar. A través de las Escrituras somos sabios para la salvación que es por la fe en Cristo Jesús. Nadie puede venir al Padre sino es por medio de Él, pues tenemos entrada a esta gracia debido a Su sacrificio en la cruz por nuestros pecados. Es imposible acudir al Trono de la Gracia si Él no es nuestro Mediador. Pero la entrada a esta gracia no se detiene ahí: Hemos de andar como Cristo anduvo, seguir Sus pisadas, imitarle a Él, muriéndonos a nosotros mismos para que Él viva en nosotros. A través de la Palabra de Dios, podemos ver y leer la obra y vida de Jesús en toda Su extensión. Si somos Sus discípulos, andaremos como Él anduvo: En gratitud, obediencia, amor y fidelidad.
«Porque en Ti confío [...] pues a Ti elevo mi alma». Todo lo que se pide de nosotros es confiar y rendirnos a Dios en actitud de oración. La fe de corazón agrada a Dios y Él la recompensa de una u otra forma; siempre que esté definido en Su voluntad. Elevar el alma no es otra cosa que orar con total rendición y confianza al SEÑOR. Le confiamos nuestra vida y ser. Así que, cuando meditamos en Su Palabra y buscamos a Cristo en ella, oramos confiados en que Él hará Su obra en nosotros para obedecerle y amarle, siguiendo Su guía para cada día de nuestra vida.
¿Le has creído a Dios en que Él te dará entendimiento y hará Su obra en ti? Que Dios nos ayude a ser diligentes a buscarle a Él cada mañana en Su Palabra para oír Sus misericordias.
[Léase Salmo 27:8; Lamentaciones 3:22-23; Lucas 24:44-47; Juan 14:6; Romanos 5:1-2, 12:2; 2 Timoteo 3:15-17; Santiago 1:22; 1 Juan 2:6]

♥escucha mi oración♥.....Salmos 102




♥escucha mi oración♥

Salmos 102

Reina-Valera 1960 (RVR1960)
102 Jehová, escucha mi oración,
Y llegue a ti mi clamor.
2 No escondas de mí tu rostro en el día de mi angustia;
Inclina a mí tu oído;
Apresúrate a responderme el día que te invocare.
3 Porque mis días se han consumido como humo,
Y mis huesos cual tizón están quemados.
4 Mi corazón está herido, y seco como la hierba,
Por lo cual me olvido de comer mi pan.
5 Por la voz de mi gemido
Mis huesos se han pegado a mi carne.
6 Soy semejante al pelícano del desierto;
Soy como el búho de las soledades;
7 Velo, y soy
Como el pájaro solitario sobre el tejado.
8 Cada día me afrentan mis enemigos;
Los que contra mí se enfurecen, se han conjurado contra mí.
9 Por lo cual yo como ceniza a manera de pan,
Y mi bebida mezclo con lágrimas,
10 A causa de tu enojo y de tu ira;
Pues me alzaste, y me has arrojado.
11 Mis días son como sombra que se va,
Y me he secado como la hierba.
12 Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre,
Y tu memoria de generación en generación.
13 Te levantarás y tendrás misericordia de Sion,
Porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado.
14 Porque tus siervos aman sus piedras,
Y del polvo de ella tienen compasión.
15 Entonces las naciones temerán el nombre de Jehová,
Y todos los reyes de la tierra tu gloria;
16 Por cuanto Jehová habrá edificado a Sion,
Y en su gloria será visto;
17 Habrá considerado la oración de los desvalidos,
Y no habrá desechado el ruego de ellos.
18 Se escribirá esto para la generación venidera;
Y el pueblo que está por nacer alabará a JAH,
19 Porque miró desde lo alto de su santuario;
Jehová miró desde los cielos a la tierra,
20 Para oír el gemido de los presos,
Para soltar a los sentenciados a muerte;
21 Para que publique en Sion el nombre de Jehová,
Y su alabanza en Jerusalén,
22 Cuando los pueblos y los reinos se congreguen
En uno para servir a Jehová.
23 El debilitó mi fuerza en el camino;
Acortó mis días.
24 Dije: Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días;
Por generación de generaciones son tus años.
25 Desde el principio tú fundaste la tierra,
Y los cielos son obra de tus manos.
26 Ellos perecerán, mas tú permanecerás;
Y todos ellos como una vestidura se envejecerán;
Como un vestido los mudarás, y serán mudados;
27 Pero tú eres el mismo,
Y tus años no se acabarán.
28 Los hijos de tus siervos habitarán seguros,Y su descendencia será establecida delante de ti. 
siempre en mis oraciones
tu hnita en Cristo
♥pensamientos de paz♥

🩸Romanos 8:38-39🩸

  🩸 Romanos 8:38-39 🩸 Reina-Valera 1960 🩸 38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni pot...