R, de mañana oirás mi voz;
de mañana presentaré mi oración a ti,
y con ansias esperaré».
de mañana presentaré mi oración a ti,
y con ansias esperaré».
El primer pensamiento que hemos de tener al despertar es en Dios. De ahí que el salmista se dirija a Dios como «Oh SEÑOR…». Es Dios quién debe ser el primero y el último al vivir nuestro día a día. ¿Por qué? Porque Él es nuestro Dios, nuestro Creador y Soberano SEÑOR. Le debemos cada respiro y cada pensamiento de nuestra existencia. Él es digno de ser adorado en primer lugar sobre todas las prioridades.
«De mañana oirás mi voz…». Parece una frase simple; pero hay más que eso. Demuestra esa determinación de levantarse cada mañana para honrar y adorar a Dios. Hay una actitud determinada a dedicar el primer pensamiento y la primera palabra al SEÑOR. Es acción de gracias por causa del amor de Dios que ha recibido: Respira, un tiempo para meditar en Él, tiene un techo bajo el cual dormir, un día más para vivir, una familia a quiénes abrazar, un trabajo que hacer… La voz de aquél que ama a Dios está presta para agradecer su día.
«De mañana presentaré mi oración a ti…». También se traduce como: «De mañana ordenaré mi sacrificio para ti…». ¿La oración es un sacrificio?… Sí, en cierto modo. Es a través del sacrificio de Jesús que tenemos acceso al Trono de la Gracia para hallar misericordia y oportuno auxilio. A través del Hijo de Dios tenemos entrada por la fe a esta gracia. Se trata, pues, de ordenar o preparar nuestro corazón bajo la conciencia y el hecho de que estamos delante de la presencia de Dios debido a los méritos de Cristo; no de los nuestros. Estamos mucho mejor de lo que merecemos, porque Él es el sacrificio perfecto que hizo posible la comunión con Su Padre; que también es nuestro Padre
« y con ansias esperaré…». A nadie le gusta esperar. No sabemos esperar con paciencia porque estamos limitados a nuestra carne. Sin embargo, la espera vale la pena cuando se tiene la motivación correcta: Esperar con ansias, con deseo de estar con Dios. La espera es más dulce, más tranquila, más fácil si el anhelo es nuestro SEÑOR mismo. Él es la fuente de fortaleza, de paz, de tranquilidad. Ninguna prisa o ansiedad podrá conmovernos si Dios, a través de Cristo, es la razón por la que oramos persistentemente.
Todo tiene que ver con actitudes correctas cada mañana: Consagrarnos a Dios de todo corazón, en los méritos de Jesucristo, esperando en Él con acción de gracias. Que Dios nos ayude a anhelarle así cada mañana.
[Léase Romanos 5:2; 1 Tesalonicenses 5:18; Hebreos 4:16, 10:19-22; Filipenses 4:6-7; 1





