(1) Lo que en realidad es el ayuno. En términos simples, ayunar se trata de abstenerse de consumir alimentos por cierto tiempo para propósitos espirituales específicos. Esta práctica es considerada parte de las disciplinas espirituales para la vida cristiana. Por “disciplinas espirituales” nos referimos a prácticas personales y medios de gracia (como la lectura bíblica y la oración) para crecer en nuestra vida cristiana dependiendo enteramente de Dios. Además, el ayuno era considerado como una forma voluntaria de servir y entregarse piadosamente a Dios (léase Lucas 2:37).
(2) Sí hay varios tipos de ayuno. Se consideran cuatro tipos de ayuno: El ayuno sobrenatural, es el que la Biblia describe casos específicos en que Dios fortaleció a Sus siervos cuando ayunaban (aunque son casos muy raros y contados; léase Deuteronomio 9:9; 1 Reyes 29:8); el ayuno total, es el ayuno en el que se abstiene de comer y beber por varios días (léase Ester 4:16); el ayuno normal, en éste implica abstenerse de toda clase alimentos pero se puede beber agua (compárese en el caso de Jesús en el desierto, que dice no había comido nada, pero no dice nada acerca de la sed; léase Mateo 4:2; Lucas 4:2); el ayuno parcial, es el que incluye ciertos alimentos y agua, como en el caso de Daniel que no quiso participar del Banquete del Rey de Babilonia (léase Daniel 1:3-16). En cuanto a extensión de participantes en el ayuno, pueden ser ayunos públicos como privados (léase Esdras 8:21, 23; Jonás 3:5-10; Mateo 6:17-18).
(3) Las razones por las qué se realiza el ayuno. La Biblia sí nos muestra las razones correctas por las que se practica el ayuno y básicamente son cuatro: En ocasiones tenía que ver con la negación y humillación de uno mismo como expresión de arrepentimiento y confesión de pecado (léase Nehemías 9:1-2; Jonás 3:5; Daniel 9:3-4); también el ayuno se hacía como una expresión de duelo, aflicción y luto (Léase 1 Samuel 31:13; 2 Samuel 1:12; Nehemías 1:4); además, se relacionaba con la dependencia de Dios en cuanto a buscar Su voluntad, propósito, ayuda y guía (léase Éxodo 24:12; 2 Crónicas 20:1-3; Ester 4:16; Esdras 8:21-23; Mateo 4:1-2; Hechos 13:1-3, 14:23); por último como parte de la confirmación de ministros en la iglesia local (léase Hechos 13:2-3; 14:23).
(4) La actitud correcta para el ayuno. El ayuno debe ser voluntario, según el tiempo que consideres para con Dios o conforme Él te dirija, con una motivación correcta de agradarle y darle la gloria a Él y con actitud agradecida, acompañado de oración constante y lectura de la Palabra de Dios; y de preferencia en tiempos y lugares que puedas consagrarte al SEÑOR sin distracciones o compromisos fuertes (léase Zacarías 7:1-6; Mateo 4:4, 6:6, 16-18, 17:21, 26:41; 1 Corintios 10:31; 1 Tesalonicenses 5:18). Estas consideraciones de igual modo se pueden aplicar en un ayuno público, es decir, cuando la congregación está en un mismo sentir respecto a ciertos asuntos entregados a Dios (léase Hechos 13:1-3; 1 Corintios 1:10).
(5) Las actitudes o prácticas que no se consideran parte del Ayuno. El ayuno no tiene el propósito de torcer la voluntad de Dios o manipularla para que cumpla nuestros deseos o para fines malvados; no es un remedio casi místico para combatir los deseos carnales, ni se trata de causar impresión en los demás de ser más espirituales que otros, ni se debe confundir como un tipo de “dieta cristiana”, ni es para demostrar su propia justicia en un sentido legalista para ganarse la salvación, ni es para cumplir formalidades religiosas sin intenciones santas (léase Mateo 6:16; Lucas 19:8-14; Hechos 23:21; Efesios 2:8-9; Colosenses 2:20-23; Isaías 58:3-7).
(6) El ayuno no es una práctica obligada pero sí necesaria. El ayuno sólo era obligatorio como Ley en el AT para el pueblo de Israel y lo hacían en el Día de la Expiación, pues debían ayunar para la purificación de sus pecados (léase Levítico 16:29-31; 23:26-32). Pero esta práctica no es obligatoria para los creyentes ya que Cristo cumplió las sombras y cosas del AT (léase Colosenses 2:16-17; Hebreos 10:1). En los tiempos de Jesús, el ayuno se convirtió en una práctica religiosa para demostrar una espiritualidad externa y ostentosa, era tan regular que lo realizaban dos veces por semana (léase Mateo 6:16; Lucas 18:12). Sin embargo, nuestro SEÑOR en Su Sermón del Monte sí incluyó el ayuno junto con la oración y limosnas como parte de las prácticas piadosas de los creyentes y con motivos correctos. Él daba por hecho que Sus discípulos ayunaban y Él mismo lo hacía (léase Mateo 6:16; Lucas 4:12). La Iglesia Primitiva también practicaba el ayuno (léase Hechos 13:1-3, 14:23; 2 Corintios 6:5; 11:27). Él profetizó en forma figurada que la Iglesia realizaría ayunos después de que Él ascendiera a los Cielos hasta Su Segunda Venida (léase Mateo 9:15). Por lo tanto, el ayuno no debe ser dejado de lado para los que creemos en Cristo.
(7) No siempre el ayuno consiste en abstenerse de alimentos. Cuando hablamos de ayuno normalmente asociamos la idea de dejar de consumir ciertas comidas; sin embargo también el ayuno implica otras cosas a abstenerse, por ejemplo: El ayuno que a Dios le agrada, es decir, el abstenerse de pecar contra Dios (léase Isaías 58:3-7); o el abstenerse temporalmente de tener relaciones sexuales dentro del matrimonio para dedicarse a la oración y búsqueda del SEÑOR (léase 1 Corintios 7:5). Estas son cosas legítimas a la hora de hacer el ayuno.

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