
Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su santa morada, has que cobre vida y se adhiera como una marca en el corazón de tus hijos este poderoso decreto de protección que dice ‘No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás, El salario de un jornalero no ha de quedar contigo toda la noche hasta la mañana”. El Señor protege a los extranjeros, sostiene al huérfano y a la viuda, pero trastorna el .camino de los impíos. El hace justicia al huérfano y a la viuda, y muestra su amor al extranjero dándole pan y vestido. Consuelas el corazón desesperanzado y a las mujeres que han confiado en ti, y a pesar de sus necesidades no han negado tu nombre, ni doblado rodillas a dioses extraños, la hora ha llegado que se escuches su voz y se atienda su causa ya que por su larga espera puede ser que su fe desmaye, envía pronto el espíritu de restauración, y abre los graneros de los cielos, desata la palabra profética que le anuncie a los tiempos de abundancia la culminación del gemido y el dolor, alegra sus corazones poniendo el manto de alegría sobre sus cabezas. Dios trabajará en los escombros de tu vida aun cuando no quede nada de ti, si te han abandonado tus amigos, el dinero, la familia y tienes un futuro incierto, donde solo huellas de dolor y sufrimiento han dejado tus antecesores, pido al Padre, por amor a ti, que estén sus ojos y sus oídos atentos a tu clamor y suplica para que no desmayes por tantas aflicciones, ni se amedrente tu corazón, porque el Señor Dios de los ejércitos juró diciendo: “Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado; que en un solo instante quebrantará en la tierra, a todos los que sin causa se levantan en tu contra y en sus maldades los hollará; y su yugo junto a su carga será apartada y la carga será quitada de tus hombros.
Alegra tu corazón y no temas porque Dios en medio de tu angustia pondrá sobre ti hoy una cobertura de fortaleza, de alegría, gozo, y misericordia, porque ciertamente te alegrarás y te olvidarás de todas tus aflicciones, dolor y angustia por las cuales has pasado. Sea tu sueño placentero, y tu caminar exitoso en la tierra, sin la más mínima muestra de tristeza. Te bendigo amado Señor con toda mi fuerza, pues has oído mi voz y súplica. Porque ha inclinado a mí su oído; Por tanto, le invocaré todos mis días. Sean fuerte y esperen en el Señor cuando les rodeen las ligaduras de muerte, creo en la palabra pues en ti confiamos, Diré: “Por amor invocaré el nombre del Altísimo, diciendo: Oh Eterno, libra ahora mi alma del lazo del cazador y de la hora más terrible del alma. Clemente es mi Dios, y justo; Sí, misericordioso es nuestro Dios. El Eterno guarda a los sencillos; Estaba yo postrado, y me salvó. Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, Porque el Señor te ha hecho bien Pues tú has librado mi alma de la muerte, Mis ojos de lágrimas, Y mis pies de resbalar” Andaré delante de Dios en la tierra de los vivientes con una actitud de vencedor, todos los días de mi vida clamaré y Él me escuchará, en el nombre de Jesús nuestro Yeshua Amen.
RESPALDO SOBRE LO QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LOS HUÉRFANOS, LAS VIUDAS Y EL EXTRANJERO?
(Éxodo 22,21) No vejarás a viuda ni a huérfano.
(Deuteronomio 10,18) que hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al forastero, a quien da pan y vestido.
(Deuteronomio 14,29) Vendrá así el levita - ya que él no tiene parte ni heredad contigo - el forastero, el huérfano y la viuda que viven en tus ciudades, y comerán hasta hartarse. Y Jehová tu Dios te bendecirá en todas las obras que emprendas.
(Deuteronomio 24,19) Cuando siegues la mies en tu campo, si dejas en él olvidada una gavilla, no volverás a buscarla. Será para el forastero, el huérfano y la viuda, a fin de que Jehová tu Dios te bendiga en todas tus obras.
(Deuteronomio 24,20) Cuando varees tus olivos, no harás rebusco. Lo que quede será para el forastero, el huérfano y la viuda.
(Deuteronomio 26,12) El tercer año, el año del diezmo, cuando hayas acabado de apartar el diezmo de toda tu cosecha y se lo hayas dado al levita, al forastero, a la viuda y al huérfano, para que coman de ello en tus ciudades hasta saciarse,
(Zacarías 7:10) No oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre, ni traméis el mal en vuestros corazones unos contra otros.
(Salmos 68:5) Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su santa morada.