Nuestro Señor
Jesucristo enseñó con claridad que existen dos destinos definitivos
después de la muerte física: Cielo (Resurrección de vida) e infierno
(Resurrección de condenación)
Al respecto enseña lo siguiente:
“De cierto, de
cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida
eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
De cierto, de cierto os digo: Viene la hora,
y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la
oyeren vivirán.
Porque como el Padre tiene vida en sí mismo,
así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio
autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.
No os maravilléis de esto; porque vendrá hora
cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo
bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a
resurrección de condenación”
Juan 5:24-29
Si Jesucristo
lo dijo, no hay razón para presentar argumentos en contra; simplemente creer
que así es. La palabra de Dios es irrefutable.
¿Qué destino vas a establecer para tu futuro?
¡La decisión es tuya!
“Porque de tal
manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”
Juan 3:16
“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en
el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”
Juan 3:36
“No os
engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso
también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará
corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida
eterna”
Gálatas 6:7-8

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