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domingo, 9 de enero de 2022

♥Autoestima – El Poder de las Palabras 1♥


1. El Poder de las Palabras “Sí” y “No”.

¿Cuántos dijeron “sí” cuando querían decir “no”? Generalmente tenemos miedo a decir que “no” porque no queremos desentonar: si todo el mundo hace algo, ¿cómo vas a decir que no quieres hacerlo? Tenemos miedo a las consecuencias negativas de haber dicho que “no”: ¿qué va a decir el otro?, ¿qué va a pensar el otro?, tal vez me retire su amor si le digo que “no quie­ro” hacer lo que me dice.
El “no” es necesario y debemos aprender a decirlo con paz; podemos y está permitido decir “no”. Decir “no” muchas veces es sinónimo de salud. Sin odios, ni broncas, ni en malos tonos podemos decir “no”.
Cuando no podemos decir “no” es porque no sabe­mos ni podemos distinguir cuál es nuestra prioridad en la vida, hacia dónde estamos apuntamos y cuál es nuestro blanco. Las decisiones que tomes van a estar determinadas por el objetivo que quieras alcanzar. ¿Estás apuntando al lugar correcto con tus pala­bras? ¿Tomás tus decisiones de acuerdo a los objetivos que te propusiste? ¿O estás viviendo y hablando sólo por hablar y llenar espacios vacíos?
Cuando uno tiene un blanco correcto puede definir qué es lo que va a aceptar y qué es lo que va a rechazar. El “sí” y el “no” son sólo palabras, sino límites y permi­sos que nos damos a nosotros mismos.
•El “sí” y el “no” forman parte de toda nego­ciación.
•El “sí” y el “no” determinarán tu posición de liderazgo, autoridad y control sobre tu propia vida.
•El “sí” y el “no” hablarán de ti mismo, de tus intereses y tus determinaciones.
•Un “sí” y un “no” dichos sabiamente y a tiem­po te evitarán grandes dolores de cabeza.
•Cada “sí” y cada “no” que establezcas deter­minará una solución o un problema nuevo.
•Cada “sí” y cada “no” que emitas sabiamente o no estará acercándote o alejándote de tu éxito.
•Cada “sí” y cada “no” que pronuncies te hará mantenerte enfocado.
•Cuando sabes cuál es tu bIanco específico, sabes a qué decirle sí. Sabes a quien elegir, con quien hablar.
Sé responsable. Responsabilidad es saber qué hacer y qué no. La gente se destaca cuando tiene palabra y cum­ple con lo que promete. Deben creer en ti: que tu “sí” sea “sí” y tu “no” sea “no”.
Y si por un momento dudas acerca de la respuesta que debes dar: tómate cinco minutos, y di como en la pauta publicitaria, “me tomo cinco minutos y me to­mo un té”; tú tómate cinco minutos o todos los que ne­cesites antes de decir un “sí” o un “no” como respues­ta, date tiempo, permítete reflexionar para evaluar y decidir. Nadie puede tomar el control de tu tiempo y de tus decisiones. “El otro podrá esperar unos minutos” y una vez que decidas, lo que estés determinado a hacer mantenlo, no lo cambies. Si te equivocas, pue­des volver a empezar. ¡Determina un objetivo y cúm­plelo! Debes estar respaldado por la verdad y no por la falsedad o la mentira.
Ser fiel a uno mismo y a nuestras palabras nos con­vertirá en personas creíbles y confiables, tanto si hemos dicho “sí” como hemos dicho “no”.
•Si quedas en encontrarte a una determinada hora, hazlo, no llegues tarde.
•Si te comprometiste a asistir a alguien en una determinada ayuda, hazlo, no lo postergues ni lo canceles.
•Si firmaste un contrato, cúmplelo.
Las palabras tienen valor, seamos fieles a nosotros mismos. No pactes con na­die, sólo con ti mismo, pero una vez que des tu palabra, sé fiel a ella. Cuando somos capaces de llevar a cabo lo que hemos prometido, nuestras relaciones, sean familiares, la­borales o sociales son cada vez más óptimas. Un hombre fiel a sus palabras es confiable y apto para estar en niveles de poder y liderazgo.
Controlemos lo que sí podemos controlar: nues­tras palabras. Porque aquello en lo que más piensas y de lo que hablas, en eso te conviertes.
No funcione­mos por emoción, sino por convicción. Hay personas que actúan según lo que sienten: “Me siento mal”, “me siento bien”. Un día se sienten reyes, y al otro día, insignificantes. El lunes sienten que el trabajo es lo más importante pero el martes lo más importante es la familia; el lunes se casan con alguien porque sienten que lo aman, pero a la otra semana, se separan porque sienten que ya no lo quieren; sienten ganas de tener un hijo pero a la otra semana lo aban­donan porque ahora sienten que les arruinó la vida.

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