
Con todo mi corazón deseé correr muy lejos, a donde nadie me alcanzara; pero Dios corrió hacia mí, me atrajo con sus cuerdas de amor y no pude escapar de su presencia.
Tuve que postrarme y adorarle; rendirme ante sus pies y reconocer su majestad. Él me atrajo, secó mis lágrimas y me escondió en el mismo hueco de su corazón. Allí mi voluntad se rindió a Su voluntad y mi vasija quebrantada pidió se...r restaurada.
No fue que me había apartado, no era que quería dejarlo, simplemente estaba agotada y sedienta, necesitaba refrescarme y beber de esa agua que solo él podía darme. Sus promesas reavivaron mi ser cansado. Su llama encendió mi hoguera y en mi silencio, sus palabras fueron mi consolación. Pensando que estaba muerta, sopló de su aliento y revivieron mis huesos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario