
Cuando el Espíritu Santo gobierna el interior de una persona...
Le pone el deseo espontáneo de desechar toda obra mala; de apartarse de todo aquello que estorbe su relación con Dios.
Le pone la determinación de no volver atrás, a pesar de la presión social y de las tentaciones internas.
Le pone el hambre insaciable de nutrirse de su Palabra para vivir de acuerdo a sus enseñanzas.
Le pone la perseverancia en la oración pidiendo por un corazón amoldado a su voluntad.
“Crea en mí, oh Dios un corazón limpio,
y renueva un espíritu recto dentro de mi”
Salmo 51:10
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