
La incredulidad es un pecado gravísimo delante de Dios; su palabra lo confirma con claridad: “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6).
El pecado de la incredulidad te hace bajar de nivel espiritual, te desvía y te estanca. No es posible que constantemente le sigas pidiendo evidencias a Dios, cuando siempre te las ha mostrado en su momento oportuno... “No seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:27)
Reconoce tu tendencia constante a dudar del poder sobrenatural de Dios, y más cuando la adversidad se vuelve intensa e imposible de resolver. (Así como ahora...) Pídele perdón por tu incredulidad, y a la vez suplícale que te ayude a creerle... “Creo, pero socorre mi falta de fe” (Marcos 9:24). Pídele que sus palabras penetren hasta lo más profundo de tu ser, para que se produzcan convicciones firmes en ellas y las difundas con espontaneidad.
NECESITAS TENER LA CERTEZA DE QUE...
Dios es la realidad viva y eterna que sustenta todas las cosas.
Dios te ha concedido una ciudadanía celestial por medio de Jesucristo.
Dios se mantiene presente y activo a lo largo de tu peregrinar sobre la tierra.
Tus problemas actuales tienen solución aunque todo se haya echado a perder.
Las promesas de Dios se mantienen vigentes aunque no veas posibilidades de que se cumplan.
¡CREELE A DIOS!
¡Ya no dudes!
“Estas palabras son fieles y verdaderas”
Apocalipsis 22:6
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