
Orar es mucho más que pronunciar palabras
“...CUANDO ORES..., CIERRA LA PUERTA...” (Mateo 6:6)
Jesús dijo: “...cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará...” (Mateo 6:6). Con estas pocas palabras Jesús sembró discordia en cuanto a lo que se entendía por orar. Él dijo que la oración no debía ser una demostración pública de lo “espirituales” que somos. No, la naturaleza íntima de nuestra comunicación con Dios requiere que nos quedemos a solas con Él, lejos de cualquier (posible) interrupción o distracción. ¿Que por qué? Pues porque se trata sólo de ti y de tu Padre teniendo una conversación familiar.
Cuando la gente dice que no sabe orar, lo que por lo general quiere decir es que no sabe llevarlo a cabo como lo hacemos algunos de nosotros, porque no está acostumbrada a usar nuestro “vocabulario cristiano”. Jesús dijo que no tienes que preocuparte por encontrar todas las palabras acertadas, “porque tu Padre sabe de qué cosas tienes necesidad antes de que se las pidas” (cfr. Mateo 6:8). El Señor da más importancia a lo que hay en nuestro corazón que a las palabras que usamos. No tenemos que darle tanta importancia a cómo oramos, porque Él no nos clasifica según la manera de expresarnos.
Otra vez, compara la oración con la respiración. Respiramos sin poner atención y sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo. En cada momento, es la expresión natural de nuestra dependencia del oxígeno, y así es como Dios quiere que enfoquemos nuestra comunicación con Él. Quiere que la oración sea el “aire que respiramos”, la atmósfera en la cual vivimos. ¿No es maravilloso? Mediante la oración podemos vivir en contacto ininterrumpido con el Señor. ¡Piensa cuánto nos puede cambiar eso y mejorar la calidad de nuestras vidas!
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