
El Salmos termina con una oración que siempre es apropiada para todo el pueblo de Dios. Es una oración que no desaparecerá mientras haya santos que pecan en la tierra. Pide al Dios Fuerte que rigurosamente examine y conozca al corazón, que pruebe cuidadosmante y conozca los pensamientos o ansiedades. Le pide exponer todo camino de perversidad para que sea confesado y abandonado. Y finalmente le pide que le guíe en el camino eterno.
Esta no es la reacción de una persona que declara su inocencia o quiere justificarse con razones y explicaciones. Al contrario, es la confesión de uno que ha estado en su propia condición pecaminosa. Reconoce que no ve todas sus inquietudes, y desea que el Señor las señale para que él pueda tratarlas con eficacia.
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