
Dios ha provisto la humildad en tanta abundancia como la trajo en su Hijo amado, y nosotros, solamente humillándonos, inclinándonos y poniéndonos en el último lugar, es como podremos estar seguros de agradar a Dios.Jesús mismo nos ilustró con abundancia mediante la parábola del convite. ¡No os pongáis en los primeros lugares! Observando cómo escogÃan los primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una parábola, diciéndoles: Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado
por él, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido Lucas 14:7-11.El niño pequeño vive confiado
plenamente. Obtiene de sus mayores lo que pide al momento, siempre y cuando éstos consideren que le conviene. No se molesta en pensar cómo lo obtendrá: simplemente pide cuando siente una necesidad. Y sin avergonzarse de pedir. Su debilidad y pequeñez es una fortaleza inmensa, y más aún lo es su propia inocencia y fe. El llanto de un niño convoca de inmediato a todos para
consolarlo, acogerlo y animarlo. Saquemos pues nuestras conclusiones. Como el niño, ha de ser el creyente humilde. El niño depende de su padre para su defensa. No reivindica nada. Depende en todo y para todo de sus padres y no tiene orgullo ni ansiedad, porque no necesita prever ni acumular. Recibe confiadamente cada dÃa. No desconfÃa de la protección de sus padres. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por
muchos. Marcos 10:45 Esa era la meta de Jesús; la única meta de salvación de los hombres para agradar al Padre, y ejecutar su propósito. Los discÃpulos disputaban entre sà sobre quién serÃa el mayor. (Lucas 22:24 y ss.) Y Jesús Les dijo claramente que todos son iguales. Y el mayor como el más joven, con humildad y responsabilidad. En otra ocasión puso por delante de todos a un niño. En aquel tiempo los discÃpulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si
no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Asà que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mà me recibe. Mateo 18:1-5.Un niño no posee nada aunque sea de casa opulenta y heredero de todo. Todo lo que necesita en cada momento, lo obtiene de su padre. No piensa siquiera, si aquello que apetece es posible para su padre. El piensa que sà y por tanto lo pide. Lo demás es cosa del padre, que determinará lo que es conveniente o perjudicial para el
hijo. El mundo nunca da nada gratis. Todo tiene un precio. El padre lo da todo sin pedir nada a cambio. Lo único que el padre recibe es un espÃritu sujeto, confiado y humilde. La actitud de un niño. Hasta en el más inicuo hace Dios misericordia, cuando observa que se humilla ante Él. Nadie más orgulloso que Acab rey de Israel pero se puso cilicio para invocar la ayuda de Yahvé Dios. Y lo vio Dios y agradó a su vista y asà dijo a IsaÃas profeta: ¿No has visto cómo Acab se ha
humillado delante de mÃ? Pues por cuanto se ha humillado delante de mÃ, no traeré el mal en sus dÃas; en los dÃas de su hijo traeré el mal sobre su casa. 1 Reyes 21:29.El soberbio no busca perdón ni se humilla, sino que busca justificarse a sà mismo. Pretende encararse con Dios, y hacer valer su propio poder, intentando negociar con Dios las condiciones de su relación.Trata a Dios como a alguien semejante a él mismo, buscando arreglos con El, pretendiendo modificar o doblegar su
voluntad; trampeando con Dios, siendo asà que el trampear es algo conforme a su naturaleza, que lo admite y busca:E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti. Genesis 28:20Esta inconcebible actitud está más
extendida entre incrédulos, y lo que es más, entre creyentes, de lo que nos gustarÃa admitir, y lo podemos verificar con la observación atenta de nuestro entorno. Porque es muy fácil caer en esta sima profunda, si no se está atento y vigilante todo el tiempo.Vemos la astucia de Jacob. Para que Dios sea su Dios, tiene que darle lo que pide, y si lo prospera le dejará a Dios un 10%.
Muy generoso como vemos. Dios le da el 100, y el le aparta el 10. Asà somos algunas veces de listillos los creyentes.Es tentación intentar negociar con Dios la propia salvación: orgullo de sà mismo, y orgullo de la propia justicia. Orgullo, al fin, de la propia valÃa y capacidad, que se estima tan alta como para hacer transacciones con el Creador, como si de nuestro igual se tratara, y estableciendo nosotros las condiciones.
!!Dios Te Bendiga y Pasa el Mensaje de Vida!!
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