
DIOS ES NUESTRO ESCUDO !
“Mi escudo est谩 en Dios, Que salva a los rectos de coraz贸n.” Salmo 7:10
Desde que comenz贸 la rebeli贸n del pueblo libio contra Kadaffi, se han contabilizado cientos de muertos. La guerra entre las tropas leales a Kadaffi y los revolucionarios, m谩s los bombardeos de los aliados han dejado varios centenares de cad谩veres. La guerra tiene este triste saldo, siempre hay p茅rdidas en ambos bandos.
En los tiempos de David, la guerra era igual de sangrienta, y las armas igual de letales. Pero como el combate era cuerpo a cuerpo, la defensa era algo m谩s sencilla. Todo soldado sab铆a que una buena espada era necesaria para poder atacar, pero un buen escudo era la 煤nica y mejor defensa. Nadie sobreviv铆a si atacaba sin escudo.
Pero hab铆a una limitaci贸n, el escudo solo serv铆a para proteger la parte delantera del soldado. Su espalda estaba siempre desprotegida. No hab铆a escudos para la espalda. As铆 que depend铆a de la ayuda de sus compa帽eros para cuidar su retaguardia. Con esta idea en la cabeza, que la hab铆a visto en cada batalla, David escribe este salmo para aplicarlo a una lecci贸n espiritual.
Dios es nuestro escudo. Es quien nos protege de los ataques del enemigo. Es la barrera que detiene las amenazas y las agresiones que el diablo siempre trama en contra nuestra. Es tambi茅n nuestro escudo para protegernos de la tristeza, de la depresi贸n, de la soledad, de los fracasos, de la angustia o de las frustraciones.
Pero la ayuda de Dios, tiene una condici贸n. Igual que el escudo de la antig眉edad, solo es efectivo cuando quien lo utiliza cumple con un requisito. Para David era la solidaridad del equipo de combate; para el cristiano de hoy, la condici贸n que Dios pone es la rectitud del coraz贸n. El escudo de Dios solo es efectivo en aquellos que tienen un coraz贸n recto, un coraz贸n limpio, un coraz贸n santo.
Porque la bendici贸n de Dios siempre est谩 condicioada a nuestra actitud. Nos regal贸 la salvaci贸n, pero nos condiciona las bendiciones posteriores. Dios no malcr铆a hijos caprichosos, ni tiene nietos. Dios tiene hijos de quienes demanda respeto y obediencia. La rectitud, no es una opci贸n. Es una obligaci贸n. No es una propuesta que podemos tomar cuando estamos de buen 谩nimo o con ganas. Es una responsabilidad cotidiana que Dios nos demanda.
¿Quer茅s tener la protecci贸n de Dios?





