♥Nuestra Urgente Necesidad del Espíritu Santo♥.....Romanos 15:13-19


Nuestra Urgente Necesidad
del Espíritu Santo
Romanos 15:13-19


El día de hoy quisiera atraer su atención a la gran necesidad que existe de la manifestación continua del Espíritu Santo en nuestra Iglesia, si por medio de ella las multitudes deben ser recolectadas para el Señor Jesús. No supe cómo hacerlo mejor que mostrando primero que el Espíritu de Dios es necesario para el propio crecimiento interno de la Iglesia de Dios. De ahí mi texto del versículo 13 “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” en el que es evidente que el Apóstol atribuye al Espíritu Santo el poder de ser llenados de gozo y paz en el creer, y el poder de abundar en esperanza, pero luego quiero mostrarles también que el poder de la Iglesia en exterior, ese poder con el que debe ser agresiva y trabajar en el mundo para reunir a los elegidos de Dios de entre los hombres, es también esta misma energía del Espíritu Santo. De ahí que haya tomado el versículo 19, pues el Apóstol dice allí lo que Dios, por medio de él, había hecho “para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios”.

Entonces, hermanos, para mantener feliz y santa a la Iglesia internamente, antes que nada tiene que haber una manifestación del poder del Espíritu Santo, y, en segundo lugar, que para que la Iglesia pueda invadir los territorios del enemigo y conquistar al mundo para Cristo, tiene que estar revestida de la misma energía sagrada. Podemos ir más lejos y decir que el poder de la Iglesia para la obra externa es proporcional al poder que mora dentro de ella. Midan la energía del Espíritu Santo en los corazones de los creyentes y podrán calcular cabalmente su influencia en los incrédulos. Si la Iglesia es iluminada por el Espíritu Santo, entonces su luz se reflejará.

Si viviéramos en Egipto notaríamos, una vez al año, la crecida del Nilo y la observaríamos con ansiedad, porque la dimensión del desbordamiento del Nilo es con mucho la medida de la fertilidad de Egipto. Ahora, la crecida del Nilo depende de aquellos lejanos lagos del centro de África, es decir, depende de si están debidamente llenos por el derretimiento de las nieves o no.

Si hay un escaso abastecimiento en los depósitos superiores, no puede haber mucho desbordamiento en el curso posterior del Nilo a lo largo de Egipto. Traslademos la figura y digamos que si los lagos superiores no están bien saturados,- si la potencia espiritual del alma no es sustentada por la oración privada y la comunión con Dios – el Nilo del servicio práctico cristiano nunca llegará a un nivel de inundación.

Lo que quiero decir es esto: que no puedes extraer de la Iglesia lo que no está contenido en ella. El propio depósito tiene que estar lleno antes de que pueda hacer verter un torrente. Un corazón vacío no puede hablar cosas significativas, ni de un alma flaca se pueden sacar gruesos tuétanos que alimenten al pueblo de Dios. De la abundancia del corazón habla la boca cuando habla para edificación.

Esta mañana, al tratar de hablar de la gran necesidad de la Iglesia, es decir, de su necesidad de ser conducida vigorosamente por el poder del Espíritu Santo, pido sinceramente podamos adentrarnos en este tema con la más profunda reverencia concebible. Con el más humilde temblor inclinémonos delante de Él, recordando que si hay un pecado que es imperdonable, está referido a Él mismo: el pecado contra el Espíritu Santo, que no será perdonado nunca, ni en este mundo ni en el venidero.

En referencia al Espíritu Santo estamos, en verdad, sobre un terreno muy delicado; y si alguna vez velamos nuestros rostros y nos regocijamos con temblor, es cuando hablamos del Espíritu y de esas obras misteriosas con que nos bendice. En ese mismo espíritu de humildad permítanme exponer a ustedes obras del Espíritu Santo que son sumamente necesarias para el propio bien de la Iglesia e igualmente necesarias para ella en su oficio de misionera de Cristo para con el mundo exterior.



Uno de los oficios del Espíritu Santo es el de ILUMINAR a su pueblo. Lo ha hecho dándonos su palabra que Él ha inspirado; pero el libro, por inspirado que sea, nadie puede entenderlo espiritualmente aparte de la enseñanza personal de Su grandioso Autor. Pueden leerlo tanto como quieran sin descubrir nunca el sentido íntimo y vital a menos que su alma sea conducida a adentrarse en Él por el propio Espíritu Santo.

Alguien me puede decir yo me se la declaración de fe de la Iglesia Bautista, otro que sabe de memoria muchos pasajes, pero todavía se necesita que el Espíritu Santo se convierta en luz y en poder de Dios para tu alma. Podemos conocer la letra de la palabra pero necesitamos que el Espíritu Santo venga y de vida a las letras para nosotros, y transferirla a nuestro corazón y prenderle fuego y hacerla arder en nuestro interior, o de lo contrario, su fuerza y su majestad divinas permanecerán ocultas a nuestros ojos.

Hermanos, si el Espíritu Santo realmente iluminara a la Iglesia plenamente, las divisiones llegarían a su fin. Las divisiones son generalmente ocasionadas por la ignorancia y por el espíritu altivo que no tolera la corrección. Por otra parte, la unidad real, duradera y práctica, existirá en proporción a la unidad de las mentes de los hombres en la verdad de Dios. De aquí la necesidad de que el Espíritu de Dios nos conduzca a toda la verdad.


El Espíritu Santo es llamado especialmente Espíritu de SANTIDAD. La Iglesia de Dios lleva en su frente las palabras: “SANTIDAD A JEHOVA”. La santidad no es simple moralidad, no es la observación externa de los preceptos divinos motivados por un severo sentido del deber, mientras que esos mandamientos, en sí mismos, no son deleitables para nosotros. La santidad es la totalidad de nuestra humanidad consagrada plenamente al Señor y moldeada a su voluntad.

Esto es lo que la Iglesia de Dios debe tener, pero no puede tener nunca aparte del Santificador, pues no hay un ápice de santidad debajo del cielo si no es por la operación del Espíritu Santo. Las montañas de pecado no se convertirán en llanuras a tu mandato a menos que el Espíritu Santo se agrade en hacer eficaz la palabra. De esta manera vemos la necesidad que necesitamos al Espíritu Santo como el Espíritu de santidad.


La Iglesia necesita de mucha ORACIÓN, y el Espíritu Santo es el Espíritu de gracia y de súplicas. La Iglesia puede ser medida con bastante precisión por su grado de oración. No podemos esperar que Dios aplique Su poder a menos que le imploremos que lo haga. Pero toda oración aceptable es obrada en el alma por el Espíritu Santo.

Queridos hermanos, clamemos pidiendo al Padre celestial que nos dé el Espíritu Santo; pidámosle que esté en nosotros más y más poderosamente como el espíritu de oración, haciendo intercesión en nosotros con gemidos indecibles, para que la Iglesia no se pierda de la bendición divina por no pedirla. Yo creo verdaderamente que ésta es su presente debilidad, y una gran causa por la cual el reino de Cristo no se extiende más poderosamente: La oración está demasiado restringida a menos que el Espíritu Santo estimule los deseos de Su Pueblo.


Conclusión

Por tanto, igual que les dije en el principio lo mismo les digo en el final, todo esto depende del Espíritu Santo, y en Él esperemos en el nombre de Jesús, implorándole que manifieste Su poder entre nosotros.
Y yo, fortalecido por la mano de Dios sobre mí.
Esdras 7.28

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