♥Desate el Potencial de la Oracion♥



Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día. Salmo 25.4–5

LA ORACION ES IMPORTANTE

Crecí en un hogar cristiano donde la oración era importante. Como pastor pasaba mucho tiempo orando cada día. Pero no fue hasta que Dios me trajo un compañero de oración que mi vida y ministerio prorrumpieron con poder y los resultados comenzaron a multiplicarse de una manera increíble.

Todo comenzó en 1981 cuando acepte ser el pastor principal de la iglesia wesleyana Skyline en San Diego, California. Mi esposa, Margaret, y yo nos mudamos a esa ciudad con nuestros hijos, Elizabeth y Joel Porter, después de haber pasado dos an?os como director ejecutivo de evangelización en Wesleyan World Headquarters [Oficinas Centrales Wesleyanas Mundiales] en el estado de Indiana. Antes de eso fui pastor de dos iglesias en Indiana y Ohio respectivamente.

Estaba emocionado de volver a ser pastor y sobre todo por ir a Skyline. Estaba ansioso por conocer el personal, evaluar el ministerio de la iglesia y su liderazgo e identificar los líderes clave que me ayudarían a llevar a cabo la misión de la misma. Trate de alcanzar lo mayor posible en el menor período posible, lo cual mantuvo mi agenda muy ocupada.

Un martes por la mañana, aproximadamente seis semanas después de llegar a Skyline, estaba revisando la agenda del día cuando vi una cita prevista para reunirme con una persona cuyo nombre no reconocí.
—¿Quien es Bill Klassen—pregunte.
—Es la persona citada para las diez—respondió Bárbara, mi asistente.
—Eso veo ... pero, ¿quien es? ¿Es algún líder?—pregunte. Había pasado las últimas
semanas concentrando mi atención en conocer los líderes de mi congregación.
—No, no lo es—dijo Bárbara—. A propósito, ni siquiera asiste a la iglesia Skyline. Bárbara pudo ver la tristeza en mi rostro.
—Dijo que tenía que verle. Insistió mucho—an?adió enfáticamente. —Bueno—dije—, deme como quince minutos con el y si para ese entonces no
hemos terminado, interrúmpanos.
Mi plan consistía en comprender cuál era su agenda, arreglar cualquier problema
que pudiera tener con amabilidad, pero con rapidez, y continuar con el trabajo que tenía que hacer ese día.

UN LAICO LLAMADO A ORAR

Bill resultó ser un caballero blanco en canas de unos sesenta años de edad. Su rostro era agradable, casi radiante. Me recordó que quizás Moises lucía así cuando bajaba del monte Sinaí. Comenzó a hablarme de el, de su trabajo en la construcción en Canadá, cuando vendía barcos de vela en Washington y el sur de California, y también de su trabajo de discipular en el ministerio de los Navegantes.

«John», dijo, «creo que Dios me ha llamado como laico a preparar, alentar y orar por los pastores, y vine hoy para poder orar por usted».
¿Quería orar por mí, pensé. En todos los an?os que llevo como pastor nunca tuve un laico que viniera a orar por mí. Toda mi agenda comenzó a esfumarse. Sentí que el Espíritu Santo me inundaba diciendo: «John, mi agenda es más importante que la tuya. Tu vida no es una calle de una sola vía en la que solo tú ministras para otros. Hay personas que quieren ministrarte y he mandado este laico para que ore por ti».

Cuando Bárbara vino a interrumpirnos, le dije que saliera. Bill y yo estuvimos probablemente una hora orando juntos ese día y llore al saber que Dios mandó a alguien para orar solamente por mí. Bill satisfizo una necesidad personal que ignoraba tenía, y ardía en el ese continuo deseo de que sus oraciones nos cubrieran a mí, a mi iglesia, mi familia y mi ministerio.

Un rato después me comunicó que había estado orando dieciocho meses para que Dios le enviara un pastor por quien orar. Después de nuestra reunión de aquel día, se fue a casa e inmediatamente habló con su esposa Marianne.

«Encontré nuestro pastor hoy, Marianne», dijo. «No le he oído predicar, pero sí lo escuche orar». El domingo siguiente Bill y Marianne fueron a la iglesia y se sentaron en un banco cerca del frente. Y desde entonces siguieron sentándose allí.
EL PODER DEL COMPAÑERISMO EN LA ORACION

Nuestras vidas no siguieron siendo las mismas después de aquella reunión. Bill se convirtió en mi compañero de oración y confidente, y continuó ayudándome a organizar un ministerio de compañeros de oración en Skyline, un grupo de personas que oraba por mí todos los días durante mis catorce años de permanencia allí, que se reunían en pequeños grupos en la iglesia cada domingo para cubrir los cultos con sus oraciones. Este ministerio comenzó con treinta y un miembros y finalmente creció hasta llegar a ciento veinte.

Durante esos catorce años la congregación, que contaba con poco más de mil personas, se triplicó hasta llegar a tener casi tres mil quinientas. El ingreso anual ascendió de setecientos cincuenta mil a más de cinco millones de dólares. El ministerio de Skyline floreció y el número de los laicos involucrados aumentó de ciento doce a mil ochocientos.

Sin embargo, el verdadero poder asombroso de esas oraciones se ha reflejado de manera individual en las vidas: Miles de personas han aceptado a Cristo durante esos an?os. Mis compañeros de oración crecieron espiritualmente participando activamente del poder milagroso de la oración en sus vidas diarias. Bill y Marianne Klassen iniciaron su propio ministerio enseñando en otras iglesias a comenzar sus grupos de compañeros de oración, y durante esos an?os Dios me ha guiado por un sendero increíble.

Además de todas las maravillas que sucedieron en nuestra iglesia, comencé a trabajar cada vez más con otros pastores enseñándoles sobre liderazgo y crecimiento de la iglesia, es por eso que, establecí INJOY, una organización cristiana sin denominación dedicada a brindar ayuda a líderes de modo que alcancen su máximo potencial en iglesias, negocios y familias. Hasta he llegado a tener el privilegio de hablar en algunas conferencias de Cumplidores de Promesas por todo el país.

Sin las oraciones y el poder del Espíritu Santo creo que nada de eso hubiera sucedido. Todo honor y gloria corresponden a Dios. Pero el crédito por haber desatado ese poder y mantenerme protegido un día tras otro lo merecen esos compañeros de oración.

COMPANÑEROS DE ORACIóN EN LA HISTORIA

El concepto de buenos laicos que acompañan en oración no es nuevo. Se remonta a los tiempos del Antiguo Testamento en el libro de éxodo cuando Moises oró sobre la cumbre del collado para que Josue derrotara a los amalecitas (discuto el incidente con más detalles en el capítulo cinco).

Continúa en el Nuevo Testamento, particularmente en los primeros días de la iglesia en desarrollo del primer siglo, tal como se narra en el libro de Hechos. Tal vez recuerde cómo oraron los ciento veinte discípulos en los días comprendidos entre la ascensión de Jesús y el Pentecostés (Hechos 1.14).

El día en que descendió el Espíritu Santo un simple pescador llamado Pedro dio su testimonio y tres mil personas se convirtieron.

Sin duda, a través de los siglos han habido innumerables ocasiones en que los fieles han acompañado a sus predicadores con sus oraciones. Aunque no hay constancia sino en el cielo de muchas de ellas, sí conocemos la historia de algunas más recientes:

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